La delegación de funciones o actividades es una habilidad especial característica de los administradores de éxito y a menudo ignorada por los directores debido -según ellos- al exceso de trabajo.
No cualquiera esta dispuesto a delegar funciones o actividades y menos si estas son las del aparador o aquellas que evalúa directamente el consejo o la dirección.
Saber delegar implica -inicialmente- dos puntos importantes: qué delegar y en quien.
Aquí hay tres sencillos pasos para decidir de lo que puede desprenderse sin temor a perder jerarquía, poder, liderazgo o satisfacción:






